Carlos Relvas nos dejó un extraordinario patrimonio de imágenes que lo consagran como un artista excepcional. Pero también nos dejó la incomparable Casa-Estudio Carlos Relvas, única en el mundo, ligada a su obra y a su proyecto de vida.

 

Relvas ya había construido un primer taller exclusivamente destinado a la fotografía, provisto de una cristalera y una serie de cortinas que le permitían controlar la entrada de luz. Pero es en 1876 cuando inaugura su segundo y magnífico taller, auténtico templo dedicado a la fotografía.

 

Situado también en el jardín de su casa do Outeiro, el edificio se convirtió en un proyecto atrevido y cuidadosamente concebido, pionero de una arquitectura de transición, que fundía de un modo admirable, el arte y la tecnología en piedra, estuco, hierro y cristal.

 

La ejecución de esta obra, que tardó cerca de cuatro años en concluirse, fue encargada al arquitecto Enrique Carlos Afonso, pero la experiencia y el rigor puestos en su construcción, sugieren que probablemente fuera Relvas el verdadero director del proyecto.

 

Con una estructura en hierro, la casa, con dos plantas, era tal y como hoy la podemos apreciar, decorada al gusto romántico de la época, lo que le confiere una cierta monumentalidad. A simple vista, el edificio parece haberse basado en el modelo una iglesia cristiana, con sus tres naves y el transepto al fondo, resultando de la combinación del hierro y el cristal, y de la transparencia y elegancia de la arquitectura, un efecto religioso, casi mágico.

 

En la planta baja estaban los laboratorios y la recepción, y en la primera planta una habitación de maquillaje y las enormes cristaleras del estudio. Aquí se podía encontrar todo tipo de mobiliario y accesorios fotográficos, así como grandes lienzos pintados con diversos paisajes, y en la parte de arriba una estructura de hierro y cristal que sostenía las cortinas que regulaban la luz, movidas por un sistema de cuerdas y poleas.

 

Recibido con un gran interés por la prensa, el ?nuevo? taller reunía un conjunto de características que suscitaron la curiosidad y entusiasmo de la sociedad portuguesa de la época, principalmente por el hecho de tratarse de una casa-estudio completamente dedicada a la fotografía y construida en Golegã, en plena meseta del Ribatejo, a 100 kilómetros de Lisboa.

 

Sin embargo, no fue solo en Portugal donde la casa-estudio causó impacto. El prestigioso mayor general James Waterhouse, hombre que conocía toda la Europa fotográfica y sus elites, sería rotundo en sus elogios cuando la visitó: ?En su conjunto, condiciones generales y detalles, se trata del más perfecto estudio fotográfico, y lo único que podemos lamentar es que esté escondido tan lejos, en el campo?.

 

Rehabilitada y restaurada en 2003, la Casa-Estudio Carlos Relvas se mantiene, en su traza original, como un monumento sin igual de un periodo heroico de la historia de la fotografía.